El valor de la reflexión en las instituciones que se dedican a la educación.

Ahora que estamos a punto de terminar el trimestre y entrar en el receso de Semana Santa, antes de enfrentar el último tramo del año académico. Ahora, cuando preparamos las jornadas de puertas abiertas de nuestro centro educativo  o  definimos los últimos puntos de la estrategia de captación de nuevo alumnos, cuando definimos los aspectos curriculares y las innovaciones que queremos aplicar en el nuevo curso, queremos hacer un alto en el día a día e invitarles a la reflexión.

Según el último informe de la Cumbre Mundial para la Innovación en Educación,  los sistemas educativos de todo el mundo sufrirán grandes modificaciones de aquí a 2030. La revolución tecnológica convertirá a las instituciones educativas en entornos interactivos. El profesor se convertirá en orientador del aprendizaje. La formación será para toda la vida y los alumnos serán más exigentes respecto a esta importante inversión en su futuro.

Y aunque no lo parezca, 2030 no está tan lejos. Esta revolución ya está sucediendo. Así lo hemos entendido participando en eventos del sector educativo y tecnológico de vanguardia a los que hemos tenido acceso y que nos hace pensar en la urgencia de un cambio educativo en España.

Y no solo en los aspectos de planes y programas de estudio. Cuando hablamos de esta urgencia, hablamos de la imperiosa necesidad de  reflexionar desde áreas como la metodología, la tecnología, innovación, los espacios educativos,  pero también hablamos de las mejoras que podemos introducir en el sector de marketing educativo.

Queremos reflexionar sobre cómo hacer frente a los cambios en el modelo tradicional de enseñanza y a la adopción de nuevos enfoques de trabajo pedagógicos, más acordes con el presente, con lo que ven nuestros alumnos en su entorno. Se trata de hacer una mirada introspectiva y critica al sector, la que ayude a detectar los obstáculos, potenciar lo que se está haciendo bien y revertir  las malas prácticas.

Y para ello, estamos recogiendo una valiosa información, conversando con  los diferentes stakeholders que intervienen en el proceso educativo en todos los niveles: instituciones, centros, empresas, alumnos, formadores, docentes, padres y profesionales que dedican su vocación y su pasión a la educación.

Creemos firmemente que la innovación educativa es una actitud. Por lo que después de esta reflexión, la pregunta que acompañaría sería ¿por dónde empezamos?